Las barricas de roble juegan un papel fundamental durante los procesos de fermentación y crianza pero, ¿sabes que le aportan a los vinos?
Si bien la fermentación y posterior crianza de un vino en barrica será una decisión enológica según el tipo de vino que se busque elaborar, la cantidad de tiempo que estos pasarán en madera es relativa.
Habitualmente en las barricas bordelesas de 225 litros, que pueden ser de roble francés y/o americano, se genera una filtración de oxígeno por los microporos de las duelas que forman la barrica. Gracias a esta pequeña y controlada oxigenación, se desencadena un proceso químico por la unión de los taninos y los antocianos volviendo al vino redondo y realzando ciertas características aromáticas y gustativas.
Dependiendo el tipo de tostado (ligero, medio o fuerte), la barrica aportará aromas determinados.
El roble francés suele sumar aromas tostados a café, chocolate y tabaco. El americano aporta notas más dulces a vainilla y coco.
Si el vino reposa en toneles de mayor capacidad que una barrica, que pueden ir desde 2000 hasta 30.000 o más litros, la madera aportará menor cantidad de aromas y sabores.



